De matices hermosos
como la más caprichosa de las puestas de sol.
Unas veces niña. Otras adolescente. Otras mujer. Y de nuevo niña.
Y sentirse culpable a veces. Y otras tan feliz que da miedo.
Pero ¿miedo de qué? ¿De enamorarse demasiado?
¿De que se pueda acabar? ¿De que todo cambie?
Nota al margen: no puede acabar lo que ni si quiera ha comenzado...
Y si no existiera el miedo a comenzar... De seguro nunca acabaría...
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